¿Alguna vez has oído hablar del virus ILOVEYOU? En el año 2000, un filipino de 24 años llamado Onel de Guzman creó lo que sería uno de los malware más devastadores jamás lanzados. Estoy hablando de algo que afectó a 10 millones de computadoras en todo el mundo y causó daños entre 5 y 20 mil millones de dólares. Bastante impresionante para un solo gusano, ¿verdad?



La genialidad de esto fue honestamente retorcida. Onel de Guzman disfrazó el malware como archivos adjuntos de cartas de amor. La gente los abría pensando que eran confesiones de alguien que les gustaba, y ¡boom!—sus sistemas se infectaban. La velocidad de propagación fue insana, especialmente considerando que esto fue en los primeros días de internet.

Pero aquí está lo loco: Onel de Guzman nunca enfrentó cargos. No porque no lo atraparan, sino porque las Filipinas en ese momento literalmente no tenían leyes contra la creación de malware. No existía un marco legal para procesarlo. Es difícil de imaginar ahora, pero en esa época la ley de ciberseguridad era prácticamente inexistente.

Lo que sucedió después es realmente importante. Todo este incidente sirvió como una llamada de atención. Los gobiernos de todo el mundo empezaron a prestar atención y a aprobar legislación real sobre ciberseguridad. El caso ILOVEYOU básicamente obligó a la comunidad global a tomarse en serio las leyes y la conciencia sobre la seguridad digital.

Pensándolo ahora, ese email sería un spam obvio para la mayoría de la gente. Pero en 2000? Era otra era. Otro nivel de alfabetización digital. Hace preguntarse cuántos de nosotros realmente hubiéramos hecho clic en él.
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