Estamos en medio de una tormenta épica en los mercados globales,



cerramos las operaciones de la semana con un panorama complejo:
los precios del petróleo estadounidense superan los 101 dólares por barril,
mientras el índice S&P 500 se tambalea en sus niveles más bajos en 232 días.
Y en el mercado de bonos, la rentabilidad de los bonos del Tesoro a diez años continúa subiendo hasta alcanzar el 4.44%,

unas cifras que reflejan claramente el estado de tensión y presión que viven los activos financieros.

El verdadero peligro no radica solo en la caída de las acciones, sino en el mercado de bonos, que necesita una intervención o señales de tranquilidad urgentes por parte de la administración estadounidense para contener la situación.

Las próximas 50 horas, hasta la apertura de los mercados futuros el domingo por la noche, serán decisivas y estarán llenas de movimientos en las sombras.

La historia reciente nos ha enseñado que las volatilidades extremas nacen de la confluencia de energía, deuda y el rendimiento de las grandes empresas.

Estamos ante un fin de semana que no será tranquilo para los observadores y los inversores por igual.
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