Esta mañana leí este artículo de @BlockBeatsAsia sobre los mercados de predicción, y me dejó helado.
Antes ya había escuchado a algunos elogiar que lo “grandioso” de los mercados de predicción es que estimulan una especie de agencia extrema.
Tomando como ejemplo el análisis de este artículo: un alto directivo de Google podría apostar fuertemente en la plataforma por una persona que sería tendencia en las búsquedas del año y, para ganar esa enorme apuesta, utilizaría su poder para ajustar ligeramente los parámetros de búsqueda, haciendo que la profecía se autocumpla.
Entre quienes elogian los mercados de predicción, esto parece ser otra “victoria de la tecnología sobre la realidad”. Pero en ese clamor, yo percibo un aire extremadamente peligroso.
Si esta lógica se ensalza como “grandiosa”, entonces quizá estamos en una encrucijada aterradora: ¿queremos un mercado capaz de predecir el futuro, o un mundo donde el capital puede “personalizar el futuro”?
01 No solo predicción, sino la conversión del poder en beneficio
En economía existe un término clásico, la reflexividad de Soros: significa que los sesgos de los participantes afectan al mercado, y el mercado a su vez cambia la realidad.
En la ética empresarial tradicional, desconfiamos de que esa reflexividad derive en manipulación. Pero en la hipótesis de ese directivo de Google, tal manipulación se justifica.
Ya no se trata de “quién predice mejor”, sino de “quién tiene más poder para actuar”.
Cuando la cantidad apostada por alguien es tan grande que le da incentivos para intervenir en la realidad, Polymarket se convierte en una carta trucada en manos de los ricos.
Es como si en un partido, el árbitro no solo pita, sino que además ha apostado fuerte por el equipo local. Para ganar dinero, por supuesto que pita a su favor.
Si me dices que esto es “grandioso”, tanto para las reglas del mercado como para la justicia social, es una gran ironía.
02 El círculo cerrado del capital y el endurecimiento de las clases
Lo que realmente me preocupa no es solo quién gana o pierde una apuesta, sino el daño estructural que este modelo puede causar si se convierte en la norma.
Siempre decimos que la esencia del comercio es el intercambio de valor. Pero bajo la lógica de “ganar manipulando la realidad”, el comercio se convierte en la búsqueda de rentas de poder.
Imagina un futuro en el que el capital “puja por el ranking”: los ricos apuestan primero, luego usan recursos como medios, algoritmos y políticas para que ese resultado se cumpla, y finalmente recogen cientos de veces su inversión en el mercado de predicción.
Es un círculo perfecto de acumulación de riqueza. En ese círculo, no hay espacio para la gente corriente.
Este mecanismo concentra aún más el poder y la riqueza en la cúspide de la pirámide. Quienes poseen recursos no solo tienen el poder de fijar precios en el presente, sino incluso el de definir el futuro.
03 La encrucijada de los jóvenes: ¿rendirse o nada?
Ante esta “realidad” tan distorsionada por el capital, la situación de los jóvenes se vuelve especialmente difícil.
Antes enseñábamos a los jóvenes: hay que pensar de forma independiente, creer en la razón, cambiar el destino creando valor.
Pero en un mundo donde “un directivo de Google puede ajustar parámetros para ganar dinero”, el valor de la razón se diluye hasta desaparecer.
Los jóvenes descubrirán con tristeza que la precisión de sus predicciones no importa; lo importante es lo que los poderosos quieren que ocurra.
Si quieres ganar dinero, o simplemente sobrevivir, tendrás que abandonar la búsqueda de la verdad objetiva y en su lugar adivinar las intenciones del poder, depender de esas fuerzas de capital capaces de “cambiar la realidad”.
Eso no es luchar, es arrodillarse.
Cuando “ceder ante el poder” se convierte en la única lógica de supervivencia, la vitalidad innovadora de la sociedad se agota, quedando solo jerarquías rígidas y una estratificación cada vez más férrea.
La tecnología debería ser neutral, pero quienes la usan tienen intereses.
Polymarket en sí mismo es una herramienta informativa muy innovadora, que nos muestra el precio de la “verdad”. Pero debemos tener cuidado de que no se convierta en la hoz con la que los magnates “cosechan la realidad”.
Si lo que llaman “grandeza” se logra a costa de sacrificar el juego limpio social y privar a la gente común de la oportunidad de cambiar su destino, entonces esa grandeza no la queremos.
Seguimos deseando ver el futuro, pero queremos que ese futuro ocurra de forma natural, no que alguien lo compre en exclusiva.
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Esta mañana leí este artículo de @BlockBeatsAsia sobre los mercados de predicción, y me dejó helado.
Antes ya había escuchado a algunos elogiar que lo “grandioso” de los mercados de predicción es que estimulan una especie de agencia extrema.
Tomando como ejemplo el análisis de este artículo: un alto directivo de Google podría apostar fuertemente en la plataforma por una persona que sería tendencia en las búsquedas del año y, para ganar esa enorme apuesta, utilizaría su poder para ajustar ligeramente los parámetros de búsqueda, haciendo que la profecía se autocumpla.
Entre quienes elogian los mercados de predicción, esto parece ser otra “victoria de la tecnología sobre la realidad”. Pero en ese clamor, yo percibo un aire extremadamente peligroso.
Si esta lógica se ensalza como “grandiosa”, entonces quizá estamos en una encrucijada aterradora: ¿queremos un mercado capaz de predecir el futuro, o un mundo donde el capital puede “personalizar el futuro”?
01
No solo predicción, sino la conversión del poder en beneficio
En economía existe un término clásico, la reflexividad de Soros: significa que los sesgos de los participantes afectan al mercado, y el mercado a su vez cambia la realidad.
En la ética empresarial tradicional, desconfiamos de que esa reflexividad derive en manipulación. Pero en la hipótesis de ese directivo de Google, tal manipulación se justifica.
Ya no se trata de “quién predice mejor”, sino de “quién tiene más poder para actuar”.
Cuando la cantidad apostada por alguien es tan grande que le da incentivos para intervenir en la realidad, Polymarket se convierte en una carta trucada en manos de los ricos.
Es como si en un partido, el árbitro no solo pita, sino que además ha apostado fuerte por el equipo local. Para ganar dinero, por supuesto que pita a su favor.
Si me dices que esto es “grandioso”, tanto para las reglas del mercado como para la justicia social, es una gran ironía.
02
El círculo cerrado del capital y el endurecimiento de las clases
Lo que realmente me preocupa no es solo quién gana o pierde una apuesta, sino el daño estructural que este modelo puede causar si se convierte en la norma.
Siempre decimos que la esencia del comercio es el intercambio de valor. Pero bajo la lógica de “ganar manipulando la realidad”, el comercio se convierte en la búsqueda de rentas de poder.
Imagina un futuro en el que el capital “puja por el ranking”: los ricos apuestan primero, luego usan recursos como medios, algoritmos y políticas para que ese resultado se cumpla, y finalmente recogen cientos de veces su inversión en el mercado de predicción.
Es un círculo perfecto de acumulación de riqueza. En ese círculo, no hay espacio para la gente corriente.
Este mecanismo concentra aún más el poder y la riqueza en la cúspide de la pirámide. Quienes poseen recursos no solo tienen el poder de fijar precios en el presente, sino incluso el de definir el futuro.
03
La encrucijada de los jóvenes: ¿rendirse o nada?
Ante esta “realidad” tan distorsionada por el capital, la situación de los jóvenes se vuelve especialmente difícil.
Antes enseñábamos a los jóvenes: hay que pensar de forma independiente, creer en la razón, cambiar el destino creando valor.
Pero en un mundo donde “un directivo de Google puede ajustar parámetros para ganar dinero”, el valor de la razón se diluye hasta desaparecer.
Los jóvenes descubrirán con tristeza que la precisión de sus predicciones no importa; lo importante es lo que los poderosos quieren que ocurra.
Si quieres ganar dinero, o simplemente sobrevivir, tendrás que abandonar la búsqueda de la verdad objetiva y en su lugar adivinar las intenciones del poder, depender de esas fuerzas de capital capaces de “cambiar la realidad”.
Eso no es luchar, es arrodillarse.
Cuando “ceder ante el poder” se convierte en la única lógica de supervivencia, la vitalidad innovadora de la sociedad se agota, quedando solo jerarquías rígidas y una estratificación cada vez más férrea.
La tecnología debería ser neutral, pero quienes la usan tienen intereses.
Polymarket en sí mismo es una herramienta informativa muy innovadora, que nos muestra el precio de la “verdad”. Pero debemos tener cuidado de que no se convierta en la hoz con la que los magnates “cosechan la realidad”.
Si lo que llaman “grandeza” se logra a costa de sacrificar el juego limpio social y privar a la gente común de la oportunidad de cambiar su destino, entonces esa grandeza no la queremos.
Seguimos deseando ver el futuro, pero queremos que ese futuro ocurra de forma natural, no que alguien lo compre en exclusiva.